lunes, 18 de mayo de 2009

¿Sólo playa...?










Las zonas costeras han sido, a lo largo de la historia, zonas de vital relevancia para los asentamientos urbanos, principalmente cuando de su situación dependía un gran porcentaje de sus actividades económicas. En otros casos, las costas se encontraban despobladas y los asentamientos se situaban en el interior por distintas circunstancias que tenían que ver, tanto con la economía de sus habitantes como de distintos factores defensivos. El arco mediterráneo presenta, sin embargo, características peculiares: en el caso de España se da la paradoja que el 44% de la población vive en municipios costeros que apenas representan el 7% del territorio.
















Por otro lado, la masiva afluencia de turistas que eligen la costa para sus vacaciones y las actividades económicas que produce su uso masivo uso ha producido que algunos ecosistemas y habitats se hayan degradado a gran velocidad. Esta presión sobre la franja ha originado en algunos puntos la percepción generalizada de que se asiste al desbordamiento de su capacidad, como también al declive de los modelos de uso tradicionales, unida a la paulatina degradación de sus valores naturales.















Esta presión es especialmente relevante en las playas de algunos países del arco mediterráneo donde más de la mitad de las mismas están en entornos ya urbanizados y el 50% de su longitud requieren actuaciones para alcanzar un estado satisfactorio. Se hace evidente que el modelo de uso y gestión de la costa llevado a cabo en las últimas décadas no es sostenible. También es evidente que el reto no es posible afrontarlo desde una perspectiva local o autónoma en particular. Por otro lado, el modelo municipal de generar ingresos dependientes de la concesión de licencias de construcción parece también haber llegado a su fin: llega el momento de la colaboración entre las diferentes administraciones y sectores sociales para hallar la manera de gestionar la zona costera protegiendo sus valores y evitando su definitiva (y previsible) degradación total.















El pleno del Parlamento Europeo ha aprobado recientemente un informe no vinculante de la europarlamentaria danesa Margrete Auken en el que se denuncia que en España se ha generado una forma endémica de corrupción en la urbanización de costas, responsabilizando a todos los niveles de la administración de la implantación de un modelo de desarrollo insostenible. La propia Ley de Costas española de 1988 ha tenido una aplicación caótica y arbitraria. Ignorada durante muchos años, no evitó la urbanización masiva e ilegal ni la destrucción del medio natural en muchos kilómetros de costa y tampoco preservó de la especulación los intereses comunes de los ciudadanos. Ahora su aplicación, con carácter retroactivo, está dañando los intereses de muchos particulares que compraron viviendas construidas anteriormente.














La idea que se tiene con relación a esa política es que no se ha aplicado durante muchos años frente a la destrucción del paisaje, y tampoco en defensa de espacios naturales de interés común y ahora se está aplicando con contundencia desigual. Se arrasan viviendas tradicionales en poblados marineros (en muchos pueblos costeros la construcción tradicional es a línea de mar), mientras se mantienen urbanizaciones, hoteles, chalets, o instalaciones industriales que incumplen dicha ley. Esa circunstancia responde, sin duda al modelo de ingreso típico de los municipios costeros, más pendientes del cobro de nuevas licencias o permisos de construcción que de mantener el equilibrio del paisaje, que es lo que realmente proporcionará, a largo plazo, la prosperidad del entorno. A esta cuestión responde también la irracionalidad de la construcción de miles de segundas residencias privadas, cuya ocupación es de sólo de unos pocos meses al año, con el consiguiente gasto en infraestructuras que tardan mucho tiempo en ser amortizadas.















El modelo vacacional escalonado generaría un uso público de infraestructuras vacacionales asequible a todos a lo largo del año. Sin embargo, el modelo llevado a cabo desde los años setenta produce una costa deteriorada, plagada de construcciones impropias, con un uso abusivo de agua, una economía estacional y una oferta de trabajo precaria y discontinua. Eso quiere decir que las reformas de este sistema conducen a un trabajo a muy largo plazo, con el cambio de modelo consiguiente, y en cualquier caso suprimiendo los meses estivales como prácticamente inhábiles en algunas administraciones obsoletas.














La costa es un área que alberga espacios de gran valor ecológico, cultural, social y económico. Por este motivo la franja costera ha constituido desde la antigüedad un foco de atracción, si bien es hoy en día cuando los efectos de dicha presencia humana son significativamente notables. En ese sentido, dado que en la actualidad es el uso lúdico el principal factor de atracción, son las costas mediterráneas y archipiélagos las que más han notado dichos efectos. Pero mas allá de situaciones concretas, lo que realmente debe centrar el debate de sostenibilidad es la situación y tendencia evolutiva de la superficie de área urbanizada, o la velocidad de ocupación de paisajes no construidos con nueva urbanización, pues estos son los factores a tener en cuenta a la hora de establecer una gestión futura.















También es significativa la transformación del litoral, bien por la construcción de puertos, o bien por la necesidad de proteger los servicios adyacentes a la línea de costa parte del frente costero haya perdido ya su configuración natural y se ha transformado en un frente “artificial”. Se puede afirmar, por consiguiente, que los modelos de crecimiento urbanístico y de gestión turística del litoral de las últimas décadas, y muy en particular los del arco mediterráneo y archipiélagos, en el caso español, se han basado en estrategias de desarrollo que han primado el volumen. Esto ha acabado generando en muchas zonas espacios lúdicos de características cada vez más urbanas, densificados y poco diferenciados, que comienzan a entrar en contradicción con las nuevas tendencias de la demanda turística.















También es un hecho constatado que la ocupación de los espacios naturales o la alteración de la dinámica litoral debido al elevado grado de intervención en la franja costera genera desequilibrios con consecuencias medioambientales, económicas y sociales. Dentro de estos últimos cabe destacar la presencia de innumerables puertos, diques, espigones, muros de contención etc. que suponen interrupciones y discontinuidades graves para la dinámica litoral, con acumulaciones excesivas o fuertes erosiones, que generan pérdidas y aumentan el riesgo de inundación de zonas del litoral.














Cambiar la tendencia actual de degradación por una de recuperación medioambiental y cultural de la franja costera requiere, por tanto, una visión de futuro fundamentada en la toma de conciencia de los fenómenos reales y sus causas. Para eso, se debe renunciar a los tópicos al uso (incluyendo algunas actuaciones maximalistas que se están llevando a cabo amparándose en la legislación vigente) y proceder a un nuevo análisis y reinterpretación del paisaje que incluya las zonas urbanas de la propia costa, pues existen modelos sostenibles que han verificado a lo largo de la historia su indudable eficacia.

Como hace tiempo que no publicamos ninguna encuesta, a la derecha le exponemos una. por si se anima...

1 comentario:

IGNACIO dijo...

Como bien sabes, y a buen seguro mejor que yo, en los últimos cuatro decenios, la construcción ha sido la motora de la economía,no importa ni como ni donde se construyera,el principio activo era y es sacar dinero para las arcas municipales, administracione públicas, y lucro de las autonomías que a ese arco correspondo.
También ocurre como en la construcción que las tendencias cambian, y hace tiempo se reclama una política constructiva menos agresiva con el medio ambiente, en este caso no encontramos que es muy fácil deshacerse de la ropa del año anterior, y no tanto de las moles de hormigon, con sus respectivos kilos de reas, incrustados hasta en las orillas cercanas a las aguas.
Da para mucho tu publicación, tanto que yo se, que podrías haber seguido exponiendo el tema, resuminendo.
Tardarán años en darse cuenta que también con estas actitudes se están cargando el futuro generacional propio, hay que buscar fórmulas de recogida de impuestos en el interior, de construir de una manera más horizontal, olvidándonos un poco de los rascacielos, dispersando también por nuestra calidad de vida, la vivienda, aunque sea como se está haciendo, por rebajar los metros cuadrados.
De joven nos falta espacio para todo, y no vemos que en el futuro, nos sobrará más aún, por otro lado el futuro de la segunda residencia con el panorama económico actual, no predice precisamente que se acrecente, aunque queda el factor de la gente que abandona los metros cuadrados, por la calidez de un apartamento cerca de la playa.
Existen infinidad de edificos que con poco coste de actualización, nos podrían servir por ejemplo, para asociar la vejez comunitaria, otros no tendrán, más remedio que sucumbir a la derrumbe, en esos casos es donde hay que saber respetar y tratar de retornar cada espacio a su estado original.
Años.

Un saludo.