domingo, 22 de noviembre de 2009

Atlantes y Cariátides.


















En la mitología griega, Atlas o Atlante era un joven titán al que Zeus condenó a cargar sobre sus hombros con los pilares que mantenían la tierra separada de los cielos. Fue el padre de las Hespérides, las Híades, Calipso y las Pléyades. La etimología del nombre Atlas es incierta y sigue discutiéndose: algunos lo derivan de la raíz protoindoeuropea *tel, ‘sostener’, ‘soportar’, mien-tras otros sugieren que es un nombre preindoeuropeo. Dado que las montañas Atlas están en una región habitada por bereberes, podría ser que el nombre latino tal como lo conocemos fuese tomado del bereber. De hecho, el sol es llamado a menudo ‘el ojo del cielo’ (Tit), y dado que se pone por el oeste, el océano Atlántico puede ser llamado ‘el lugar de ocultación del sol’ o Antal n Tit. Los griegos podrían haber tomado prestado este nombre para el océano, y usado más tarde su raíz atl- para formar el nombre «Atlas».


















Atlas fue el jefe de los Titanes en la guerra contra los olímpicos. Cuando fueron derrotados, Zeus le castigó a cargar con el peso de llevar los cielos sobre sus hombros. Se contaba que Atlas, a pesar de su superior fuerza, gemía al sujetar la bóveda celeste. También se decía que Atlas reinó en Arcadia hasta ser sucedido por Deimas, hijo de Dárdano, un rey que fundó la casa real de Troya y que dio nombre al estrecho de los Dardanelos. También se dice que gobernó el noroeste de África, donde tenía entre otras riquezas un árbol de hojas y frutas doradas. A este reino habría ido Perseo tras haber matado a Medusa, donde se presentó como hijo de Zeus y pidió hospitalidad a Atlas. Pero éste, que había rodeado su huerto con murallas y puesto un dra-gón a vigilar su árbol dorado, amenazó a Perseo, aconsejándole que se fuera. Entonces Perseo sostuvo la cabeza de Medusa ante los ojos de Atlas, convirtiéndole en una enorme piedra a la que se llamó cordillera del Atlas. Se decía de estas montañas que eran tan altas que tocaban el cielo, aunque sus árboles eran tan densos que impedían subirlas. Otras versiones cuentan que Heracles, engañó a Atlas para que recuperase algunas manzanas de oro del jardín de las Hespé-rides como parte de los doce trabajos encargados al héroe por el rey Euristeo de Micenas. Para lograrlo, Heracles se ofreció a sujetar el cielo mientras Atlas iba a buscarlas. Pero al volver, Atlas no quiso aceptar la devolución de los cielos, y dijo que él mismo llevaría las manzanas a Euristeo. Heracles le engañó de nuevo, pidiéndole que sujetase el cielo un momento para que pudiera ponerse su capa como almohadilla sobre los hombros, a lo que éste accedió. Entonces Heracles tomó las manzanas y se marchó. A partir de ahí, se pensó que como un atlante sujetaba el cielo, también podía sujetar algún edificio que desde luego pesaba algo menos.


















En otra versión, Diodoro Sículo afirmaba que Atlas o Atlante era un mítico rey de Mauritania, en Libia. Se decía que era un sabio filósofo y matemático y un extraordinario astrólogo, descu-bridor de la esfericidad de las estrellas y artífice del primer globo celeste. Ésta sería la razón por la que terminaría convirtiéndose un personaje fantástico que llevaría el firmamento completo sobre sus hombros. Aunque desde mediados del siglo XVI es frecuente mostrar al titán Atlas en los atlas cartográficos, no fue a éste sino al rey libio a quien el geógrafo Gerardus Mercator rindió tributo cuando usó por primera vez el nombre «atlas» para describir un libro de mapas, al incluir una representación suya en la página-título de su libro Atlas, Sive Cosmographicae Me-ditationes De Fabrica Mundi publicado póstumamente en 1595. Un atlante es hoy alguien que es firme sostén y ayuda de algo pesado o difícil. Dentro del campo de la arquitectura, se llama “atlante” a las figuras de hombres que, en lugar de columnas, se ponen en el denominado “orden atlántico” y sustentan sobre sus hombros o cabeza el arquitrabe de dicho orden. Atlas sigue siendo un icono frecuentemente usado en la cultura y publicidad occidentales como símbolo de fuerza o resistencia estoica. En estas representaciones contemporáneas, se le suele mostrar aga-chado con una rodilla en el suelo mientras sujeta un enorme globo terráqueo sobre sus hombros y espalda, imagen que no se corresponde a la antigua concepción griega del titán que sujetaba el cielo.












De origen menos noble y mitológico, una cariátide es una figura femenina esculpida con función de columna que sirve de apoyo al arquitrabe del entablamento. La cariátide pertenece al orden jónico, y el más típico de los ejemplos es la famosa tribuna de las Cariátides en el Erec-teion, uno de los templos de la Acrópolis de Atenas. El nombre proviene de la ciudad de Caria en Lacedemonia, un territorio que forma parte del Peloponeso cuya ciudad más importante fue Esparta. Se dice que, siendo esta ciudad aliada de los persas durante las Guerras Médicas, sus habitantes fueron exterminados por los otros griegos y sus mujeres fueron convertidas en esclavas, y condenadas a llevar las más pesadas cargas. De ese modo, se las esculpe en lugar de columnas, para que estén condenadas durante toda la eternidad a aguantar el peso del templo. En 1550, Jean Goujon, arquitecto y escultor del rey Enrique II de Francia talló unas cariátides en el palacio del Louvre que sostienen la plataforma de los músicos en la sala de los guardias suizos y que actualmente se llama de las Cariátides. Sin embargo, Goujon sólo había conocido las cariá-tides del Erecteion mediante inscripciones y nunca había visto las originales. Sin embargo, no existieron o no se han conservado otros ejemplos de templos griegos que usen las cariátides como elemento sustentador.


















Sin embargo durante el Renacimiento y el Barroco, estos elementos antropomorfos vuelven a recuperarse y sus uso se incluye en el repertorio formal arquitectónico. Desde su papel de figura hierática en la Antigüedad, la historia va convirtiendo a la cariátide en algo mucho más sugeren-te con figuras que lucen drapeados ajustados y poses desenfadadas. Ahora no solamente tiene que trabajar como en la antigüedad, sino que también tiene que estar buena. Buen ejemplo de ello son las denominadas fuentes Wallace, un tipo de fuente pública, originaria de París. Hacia 1870, la ciudad vivía una época difícil, alimentada por la guerra franco-prusiana y el episodio de la Comuna que afectaron al orden y a la estabilidad de la capital. A pesar de todo la ciudad es reconstruida con rapidez gracias, en parte, a las actuaciones filantrópicas de la burguesía de la época. Uno de estos filántropos fue Richard Wallace. Heredero de un gran fortuna decidió po-nerla al servicio de la ciudad lo que le valió una gran popularidad. Las fuentes surgen por el aumento del precio del agua, lo que impedía a las clases más desfavorecidas acceder a ella. Wa-llace no solo pretendía solventar un problema de salud pública sino que buscaba hacerlo de la forma más artística posible de tal forma que las fuentes sirvieran también como elemento ornamental. Richard Wallace diseñó varios modelos de sus fuentes partiendo de cuatro ideas: en primer lugar debían poseer unas dimensiones suficientes para ser vistas de lejos pero sin romper la armonía del paisaje urbano. Debían igualmente combinar utilidad y estética utilizándose un material resistente y de fácil mantenimiento. Todo ello con un precio razonable que permitiera instalar un gran numero de ejemplares. El ayuntamiento de París decidió el color, un verde oscuro similar al que ya lucia el resto del mobiliario urbano de la época.


















El material finalmente elegido fue la fundición de hierro, un material económico, fácil de trabajar, robusto y de uso corriente. El escultor Charles-Auguste Lebourg fue el encargado de plasmar artísticamente el proyecto de Wallace, disponiendo fuentes con cariátides en el modelo grande. Este modelo, de casi tres metros de altura y más de media tonelada de peso fue el más habitual y por ello el más conocido. Inspirado en la también parisina Fuente de los Inocentes, tenía una base octogonal sobre la que reposan la figura de cuatro cariátides que sujetan con ambas manos y sus cabezas una cúpula adornada con un pico y delfines. Aunque puedan parecer idénticas, al igual que las cariátides del Erecteion las de Wallace tienen algún detalle que las diferencia de las demás. Representan la bondad, la simplicidad, la caridad y la sobriedad. Simplicidad y Sobriedad tienen los ojos cerrados mientras que Bondad y Caridad los tienen abiertos, mire usted por dónde. Las cariátides representan además las cuatro estaciones: Simplicidad la primavera, Caridad el verano, Sobriedad el otoño y Bondad el invierno. El agua se distribuía por goteo desde el centro de la cúpula y caía en un vaso central protegido. Para facilitar el consumo del agua contaba con unos recipientes metálicos unidos a la fuente por una pequeña cadena que en 1952 fueron suprimidos por razones higiénicas.

2 comentarios:

Neus. La meva Barcelona. dijo...

Gracias por la información, muy interesante! he hecho mención en mi blog de tu blog. Merci!

M.Monís dijo...

Muchas gracias a ti, Neus
dime cual es tu blog, pues desde aqui no sale.

Celebro también que ho hayas quedado exhausta del post !

MMM